Hace unos días María José (www.papasporadopcion.blogspot.com.es)
me pidió que escribiera un post en su blog a modo de “invitado”(guest posting).
Algo que me halaga, viniendo de uno de los mejores blogs que conozco
en temas referidos a la adopción. Aprovechando una de sus últimas entradas,
he decidido escribir sobre el tema Familia-Escuela-Profesores. Hablo
desde mi experiencia y en concreto con el trabajo que he realizado
con alumnos de Educación Secundaria (desde los 12 hasta los 18/19).
Espero que os guste y que mi opinión sirva para aclararos alguna
idea.
S
in
duda la colaboración familia-escuela resulta indispensable en el
proceso de desarrollo aprendizaje de los niños tanto como alumnos y
como personas. Por experiencia propia a lo largo de mis muchos años
de trabajo y desempeñando diferentes funciones ya sea como profesor,
tutor, coordinador o jefe de departamento, la interrelación entre la
familia y la escuela ha sido uno de los principales objetivos que me
he planteado.
Cuando un alumno llega nuevo a un centro, el desconocimiento es
total. Muchas veces (con frecuencia), los expedientes de los alumnos
llegan al nuevo centro bien entrado el curso, de manera que es
esencial tener un primer contacto con las familias para conseguir
información de diferente índole: trayectoria académica, gustos,
preferencias, carácter, problemas, situación familiar, etc. Este
primer contacto es fundamental.
En la sociedad actual en la que vivimos, y en ocasiones por las
dificultades que supone pedir permiso en el trabajo para acudir a una
reunión con el tutor/profesor correspondiente, muchas de estas
reuniones caen en el olvido. En otras ocasiones, que las hay, el
desinterés familiar pesa y mucho en esta falta de comunicación.
Son muchas las alternativas posibles ante este tipo de situaciones:
agenda escolar, correo electrónico, teléfono, … aunque sin duda
alguna lo idóneo sería una reunión presencial.
Algunas familias piensan que con acudir la primera vez al centro y
“hacer acto de presencia” ya es suficiente. Craso error. La
comunicación debe ser fluida y mantenida a lo largo de todo el
curso. Evidentemente si el alumno va bien, el contacto será menor,
aunque nunca está de más decir “estoy satisfecho con el trabajo y
la actitud de “Fulanito”, o “Ánimo y que siga trabajando como
hasta ahora”, o “De seguir así no tendrá problemas para superar
los objetivos del curso”. Se trata de un refuerzo positivo. Aquellos que piensen que no hace falta decir
nada, están equivocados.
Como indicaba, las reuniones o el contacto no deben perderse y es
conveniente que el profesor comunique bien directamente a las
familias o al tutor (que en este caso sería el intermediario que
recoge toda la información del resto de profesores) cualquier cambio
significativo que estime oportuno (falta de material, conductas
disruptivas, cambio en el carácter, falta de trabajo o de
colaboración...). Dicen que es mejor prevenir que curar, y en este
caso también podemos aplicar este dicho al campo educativo.
En ocasiones somos los profesores los que damos el aviso de que un
alumno no ve bien en clase, tiene pérdidas auditivas, dislexia,
transtornos en la alimentación, problemas con drogas, déficit de
atención, etc y eso que sólo estamos unas horas del día con ellos.
De igual modo que nosotros comunicamos esos cambios que nos llaman la
atención y que pueden ser síntomas de algo más, las familias
deberían de responder de la misma forma, haciendo que se tenga una
visión más completa del alumno y de esta forma poder resolver /
solucionar / ayudar en la medida más apropiada posible.
Casos más concretos son los alumnos con necesidades especiales con
los que la comunicación debería ser aún mucho más fluida y en la
que además intervienen otros profesiones y departamentos como es el
caso del Departamento de Orientación. Nuestros niños adoptados se
encuentran dentro de este grupo. Con ellos hay que trabajar mucho más
a fondo a nivel individual y a nivel grupal. Muchos traen una
“mochila” muy pesada, vivencias, situaciones, problemas con el
idioma, adaptación, etc. La colaboración resulta indispensable
(profesores, Departamento de Orientación, SAI,
familia, amigos…)
No todos los profesores se involucran de la misma forma, pero esto
ocurre como en todos los trabajos. Es una lástima pensar que en tu
mismo gremio puede haber personas que están ahí porque querían un
puesto fijo y que la falta de motivación o qué se yo, provoque que
se limiten única y exclusivamente a dar un temario. Afortunadamente
estos son pocos casos, pero en ocasiones son los que dan mala fama al
resto.
¿Cómo debe ser un buen profesor? Ante todo debe de tener
Motivación, el resto viene solo. Si al terminar la jornada estás a
gusto con lo que has conseguido, ten por seguro que tu trabajo habrá
estado bien hecho. Y cuando hablo de trabajo bien hecho no me refiero
a haber podido dar unos contenidos concretos, sino a muchas cosas: he
conseguido que “A” pida las cosas por favor, o haya levantado la
mano para participar, o no se tuerza cuando escribe, o que corrija
los ejercicios, o que los haga, o que sea capaz de trabajar en grupo,
que te planteen preguntas, tengan inquietudes, se interesen por un
tema, por un libro, por una noticia.... ¡Son tantas las
satisfacciones que puedes llegar a tener en una hora de clase!...
A
veces los profesores nos vemos con las manos atadas a la hora de
trabajar. He llegado a encontrarme en clases con ratios muy elevadas
y con una gran heterogeneidad tanto a nivel curricular como personal.
Hay alumnos con los que necesitas trabajar directamente, otros son
más autónomos, pero en cualquier caso una ratio elevada es
contraproducente tanto para los docentes como para los propios
alumnos. Ante esta situación poco se puede hacer ya que los
agrupamientos y las ratios vienen ya preestablecidas. Si,
efectivamente, uno puede preparar materiales concretos para esos
alumnos (materiales de refuerzo o consolidación con o si
adaptaciones curriculares sean significativas o no significativas),
pero el tiempo de clase es el que hay y si en 55 minutos tengo que
atender a 30 alumnos, tengo una media de 1,8 minutos por persona. Es
frecuente que uno haga uso de los recreos, los descansos o de horas
fuera de la jornada laboral para intentar solventar conductas,
aclarar contenidos, … en definitiva, ayudarles en su quehacer
diario. Y para ello es fundamental la colaboración de la familia.
Ejemplos y situaciones concretas podría poner cientos. No quiero
alargarme. Podría escribirse un libro. Simplemente sirvan estas
líneas como pincelada de cómo creo que debería ser la relación
familia-profesores, de su valor e importancia.
Concluyendo, no siempre es todo positivo, cada día, cada hora y con
cada grupo se plantean nuevos retos (nuevos objetivos, mantener o
mejorar los que ya se han tratado...). Ser profesor significa estar
en la línea de fuego a diario, en constante alerta. La ayuda de las
familias es inestimable para poder llevar a cabo nuestra tarea, y sin
ellos no sería lo mismo.


