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sábado, 23 de mayo de 2015

¿Perseguido?


Esta mañana cuando me he levantado os he escrito en el blog lo que me pasó ayer cuando daba un paseo por la tarde con "Cooper".

Después de escribir la entrada, me he dispuesto a dar otro paseo matutino con él. Es mejor hacerlo temprano porque no hace tanto calor.

Cuál ha sido mi sorpresa al encontrarme a... (mejor lo veis en la foto). Sí, se trata de Gólya, o eso he querido pensar (su comportamiento desde luego ha sido similar).

Me ha mirado, remirado, vuelto a mirar. ¿Me acosa? ¿Me persigue? y como dice una amiga mía... ¿me ronda?.

Me da igual, me encanta. Sobre todo si augura buenas noticias. 


Una "Gólya" especial

Ayer saqué a pasear a Cooper por la tarde y me fije en algo curioso. Junto a la iglesia del pueblo hay una gran cantidad de cigüeñas en pleno proceso de ampliación de familia. Quise hacerles una foto porque me parecía curiosa. 
Continué mi paseo, y a los 20 minutos, cuando estaba en la ladera de una montaña, una cigüeña se me plantó en medio de un sendero, me miró, hizo un gesto zigzagueante con el cuello y remontó el vuelo. 
Me sorprendió, pero no le quise dar más importancia. Decidí seguir por el sendero hasta un pequeño riachuelo en el que Cooper hace de las suyas, metiéndose en el agua. Ahí estaba de nuevo mi amiga la cigüeña, que al vernos hizo un amago de salir del agua, pero no. Permaneció un rato mirándonos y de nuevo hizo un gesto extraño (o por lo menos me lo pareció a mí). 
Me pareció tan raro que cogí el móvil para hacerle una foto, pero en ese momento lanzó el vuelo y se trasladó a unos 300 metros de dónde estábamos. Ya no quise hacer la foto, porque únicamente saldría un punto en ella y no se podría diferenciar.
A la vuelta del paseo, volviendo por el mismo sitio por el que habíamos ido, me volví a encontrar con la dichosa cigüeña. Estuve a punto de preguntarle: ¿Pero bueno, no tienes otra cosa más importante que hacer, que seguirme? Evidentemente, lo pensé, no se lo dije, no me hubiera entendido. 
Vamos, que si se lo pregunto y me contesta, me da un "patatús". Lo curioso fue que a medida que pasábamos por el sendero, esta vez no lanzó el vuelo. Se limitó a apartarse un poco y cuando pasamos por delante de ella nos estuvo ¡siguiendo! unos pasos.
El sendero, terminaba en el pueblo. Echo la vista atrás con cierta intriga y veo de lejos a la cigüeña lanzar el vuelo, ir tomando altura y quedarse en un poste de electricidad justo encima de mí.
¡Pero bueno! Esto ya clama al cielo. Me siento acosado por una cigüeña. Esta vez me dio tiempo a sacar el móvil y hacerle una foto, tras la cual, volvió a salir volando, dirigiéndose a la torre de la iglesia. 
Mamá cigüeña nos había perseguido en nuestra pequeña ruta con un afán de curiosidad, cotilleo, o yo que sé, pero realmente me resultó extraño.
Ya de camino a casa, seguía mirando hacia atrás, pero ya no la volví a ver más. Luego pensando y pensando, me preguntaba: "Quizá quería transmitirme algo", "¿Tendrá esta situación algún significado oculto?", ¿Tendrá que ver con mis dos hungaritos?
Quiero pensar que sí.
A partir de ahora estaré pendiente de si "Gólya" (que significa "cigüeña" en húngaro), me sigue en mis paseos por las tardes.