Que el espíritu navideño no decaiga a pesar de las situaciones que viva cada uno. Es momento de disfrutar de los que tenemos al lado al máximo, de las esperanzas, del optimismo, de alegrías, de adornar los árboles, de poner nacimientos, guirnaldas, y demás enseres.
Es momento no sólo de pedir deseos para el nuevo año sino también de agradecer a Dios nuestras ilusiones, de poder compartir lo que tenemos.
Este año nuestro Belén navideño tiene una estrella muy especial, una estrella guiada por los Reyes Magos que mostrará nuestro inminente futuro (o eso espero). Si, es una estrella con la bandera de Hungría, la estrella de nuestros pequeños, sean rubios, morenos, altos o bajos. Porque ellos son nuestra estrella, una estrella que no sólo aparece en estas fechas, sino que lleva mucho tiempo sobre nosotros, que permanece a pesar del tiempo y que ha recorrido muchos años, meses y días. Parece incombustible, pero esperamos que pronto aterrice en nuestro hogar.
