Ayer domingo tuvimos un nuevo encuentro nuestra "Familia del Corazón", ya sabéis el grupo que "construimos" tras el curso de formación. Aunque algunos no pudieron asistir (a los cuales echamos mucho de menos), se incluyeron otros muy especiales como el caso de Alex (recien llegado de Colombia).
¡Qué energía y vitalidad posee!, y siempre con la sonrisa de oreja a oreja. Fantástico.
Tras titubear durante varios días en hacer o no una paella, con marisco, sin marisco, con verduras, sin verduras... (caos para ponernos de acuerdo...) al final la decisión vino de otro lado: "se ha prohibido hacer fuego en la Comunidad de Madrid justo a partir de este fin de semana", de manera que nuestra idea original pasó a ser un Picnic de fin de semana. Cada uno llevamos nuestras especialidades: empanada, ensaladilla rusa, filetes empanados, tortillas de patata, alcachofas, mini bollos preñaos, tarta, bizcocho... uf, para salir rodando. La mesa se nos quedó pequeña. Se me olvidó hacer una foto para inmortalizar la pantagruélica comida. La próxima vez la haré para que veáis de qué os hablo.
Nos pusimos al día con nuestros proyectos de vida, hablamos de trabajo, de viajes,... pero sobre todo de niños.
Los que ya tienen los niños aquí nos plantearon sus inquietudes, su día a día, los problemas que van surgiendo a medida que avanzan en este gran proyecto. Y es cierto, aunque los niños tengan edades diferentes, y vengan de países distintos, cada uno plantea cuestiones concretas.
Estas reuniones, a mi juicio, sirven también de terapia. Hay un nivel de sinceridad fantástico. Nos entendemos. ¿Con quién mejor que plantear esas cuestiones que nos rondan por la cabeza? Entre todos mostramos nuestra opinión, nos comprendemos porque estamos o vamos a pasar por lo mismo, ofrecemos nuestros puntos de vista, e incluso aportamos alguna solución (más acertada o no), pero nos sirven para afrontar esas dudas o problemas.
Una vez más nuestra "Familia del Corazón" tuvo un día de los que hacen historia.
Los pequeños se lo pasaron "repipa". La zona que elegimos para hacer el picnic fue de lo más acertada: tenía mesas, árboles, y muy cerquita un parque donde pudieron disfrutar de los columpios. He de decir que más de un adulto disfrutó de los columpios (incluida la tirolina), jejeje (me incluyo), y es que a veces los adultos nos comportamos como niños ¿por qué no?
Pablete ha dado un cambio espectacular, dice palabras y nos identifica por nuestro nombre. Silvieta estaba comestible y le encantaron mis "mini bollitos peñaos", la he fichado como pinche de cocina, jeje.
Chicos! Fue una velada estupenda. Sin duda habrá que repetirlo y la próxima vez con suerte veremos si nos podemos juntar todos.
