Quizá el destino quiera que esos dos hungaritos sean tremendamente especiales (que estoy seguro que lo serán), y está esperando el momento adecuado. No vendría nada mal un atisbo de luz, un aliento de apoyo para recargar energías y llenar aún más si cabe la esperanza de que ese momento cercano está próximo, que no se dilata en el tiempo.
Pronto llegará la Navidad, ya tenemos el anticipo en nuestras calles. Los escaparates anuncian la temporada de juguetes, colonias, etc, los supermercados te reorientan los pasillos cargados de turrones y dulces, y uno se plantea cómo decorar la casa y qué poner en el árbol de Navidad.
¡Que entrañable sería poder decorar el árbol con la ayuda de dos pequeñuelos! ¿Papá dónde van las luces? ¿Puedo poner yo la estrella? ¿Puedo, puedo? ¿Quiénes son estos señores en estos caballos tan extraños?
La ilusión por estas ocasiones hace que uno deje volar su imaginación, pero también llega el momento de aterrizar y ver que esa circunstancia no existe. Todo llega.