miércoles, 11 de mayo de 2016

Con respecto a la educación de los niños...

Hace unos días María José (www.papasporadopcion.blogspot.com.es) me pidió que escribiera un post en su blog a modo de “invitado”(guest posting). Algo que me halaga, viniendo de uno de los mejores blogs que conozco en temas referidos a la adopción. Aprovechando una de sus últimas entradas, he decidido escribir sobre el tema Familia-Escuela-Profesores. Hablo desde mi experiencia y en concreto con el trabajo que he realizado con alumnos de Educación Secundaria (desde los 12 hasta los 18/19). Espero que os guste y que mi opinión sirva para aclararos alguna idea.

Sin duda la colaboración familia-escuela resulta indispensable en el proceso de desarrollo aprendizaje de los niños tanto como alumnos y como personas. Por experiencia propia a lo largo de mis muchos años de trabajo y desempeñando diferentes funciones ya sea como profesor, tutor, coordinador o jefe de departamento, la interrelación entre la familia y la escuela ha sido uno de los principales objetivos que me he planteado.

Cuando un alumno llega nuevo a un centro, el desconocimiento es total. Muchas veces (con frecuencia), los expedientes de los alumnos llegan al nuevo centro bien entrado el curso, de manera que es esencial tener un primer contacto con las familias para conseguir información de diferente índole: trayectoria académica, gustos, preferencias, carácter, problemas, situación familiar, etc. Este primer contacto es fundamental.

En la sociedad actual en la que vivimos, y en ocasiones por las dificultades que supone pedir permiso en el trabajo para acudir a una reunión con el tutor/profesor correspondiente, muchas de estas reuniones caen en el olvido. En otras ocasiones, que las hay, el desinterés familiar pesa y mucho en esta falta de comunicación.

Son muchas las alternativas posibles ante este tipo de situaciones: agenda escolar, correo electrónico, teléfono, … aunque sin duda alguna lo idóneo sería una reunión presencial.

Algunas familias piensan que con acudir la primera vez al centro y “hacer acto de presencia” ya es suficiente. Craso error. La comunicación debe ser fluida y mantenida a lo largo de todo el curso. Evidentemente si el alumno va bien, el contacto será menor, aunque nunca está de más decir “estoy satisfecho con el trabajo y la actitud de “Fulanito”, o “Ánimo y que siga trabajando como hasta ahora”, o “De seguir así no tendrá problemas para superar los objetivos del curso”. Se trata de un refuerzo positivo. Aquellos que piensen que no hace falta decir nada, están equivocados.

Como indicaba, las reuniones o el contacto no deben perderse y es conveniente que el profesor comunique bien directamente a las familias o al tutor (que en este caso sería el intermediario que recoge toda la información del resto de profesores) cualquier cambio significativo que estime oportuno (falta de material, conductas disruptivas, cambio en el carácter, falta de trabajo o de colaboración...). Dicen que es mejor prevenir que curar, y en este caso también podemos aplicar este dicho al campo educativo.

En ocasiones somos los profesores los que damos el aviso de que un alumno no ve bien en clase, tiene pérdidas auditivas, dislexia, transtornos en la alimentación, problemas con drogas, déficit de atención, etc y eso que sólo estamos unas horas del día con ellos. De igual modo que nosotros comunicamos esos cambios que nos llaman la atención y que pueden ser síntomas de algo más, las familias deberían de responder de la misma forma, haciendo que se tenga una visión más completa del alumno y de esta forma poder resolver / solucionar / ayudar en la medida más apropiada posible.

Casos más concretos son los alumnos con necesidades especiales con los que la comunicación debería ser aún mucho más fluida y en la que además intervienen otros profesiones y departamentos como es el caso del Departamento de Orientación. Nuestros niños adoptados se encuentran dentro de este grupo. Con ellos hay que trabajar mucho más a fondo a nivel individual y a nivel grupal. Muchos traen una “mochila” muy pesada, vivencias, situaciones, problemas con el idioma, adaptación, etc. La colaboración resulta indispensable (profesores, Departamento de Orientación, SAI, familia, amigos…)

No todos los profesores se involucran de la misma forma, pero esto ocurre como en todos los trabajos. Es una lástima pensar que en tu mismo gremio puede haber personas que están ahí porque querían un puesto fijo y que la falta de motivación o qué se yo, provoque que se limiten única y exclusivamente a dar un temario. Afortunadamente estos son pocos casos, pero en ocasiones son los que dan mala fama al resto.

¿Cómo debe ser un buen profesor? Ante todo debe de tener Motivación, el resto viene solo. Si al terminar la jornada estás a gusto con lo que has conseguido, ten por seguro que tu trabajo habrá estado bien hecho. Y cuando hablo de trabajo bien hecho no me refiero a haber podido dar unos contenidos concretos, sino a muchas cosas: he conseguido que “A” pida las cosas por favor, o haya levantado la mano para participar, o no se tuerza cuando escribe, o que corrija los ejercicios, o que los haga, o que sea capaz de trabajar en grupo, que te planteen preguntas, tengan inquietudes, se interesen por un tema, por un libro, por una noticia.... ¡Son tantas las satisfacciones que puedes llegar a tener en una hora de clase!...

A veces los profesores nos vemos con las manos atadas a la hora de trabajar. He llegado a encontrarme en clases con ratios muy elevadas y con una gran heterogeneidad tanto a nivel curricular como personal. Hay alumnos con los que necesitas trabajar directamente, otros son más autónomos, pero en cualquier caso una ratio elevada es contraproducente tanto para los docentes como para los propios alumnos. Ante esta situación poco se puede hacer ya que los agrupamientos y las ratios vienen ya preestablecidas. Si, efectivamente, uno puede preparar materiales concretos para esos alumnos (materiales de refuerzo o consolidación con o si adaptaciones curriculares sean significativas o no significativas), pero el tiempo de clase es el que hay y si en 55 minutos tengo que atender a 30 alumnos, tengo una media de 1,8 minutos por persona. Es frecuente que uno haga uso de los recreos, los descansos o de horas fuera de la jornada laboral para intentar solventar conductas, aclarar contenidos, … en definitiva, ayudarles en su quehacer diario. Y para ello es fundamental la colaboración de la familia.

Ejemplos y situaciones concretas podría poner cientos. No quiero alargarme. Podría escribirse un libro. Simplemente sirvan estas líneas como pincelada de cómo creo que debería ser la relación familia-profesores, de su valor e importancia.

Concluyendo, no siempre es todo positivo, cada día, cada hora y con cada grupo se plantean nuevos retos (nuevos objetivos, mantener o mejorar los que ya se han tratado...). Ser profesor significa estar en la línea de fuego a diario, en constante alerta. La ayuda de las familias es inestimable para poder llevar a cabo nuestra tarea, y sin ellos no sería lo mismo.

2 comentarios:

  1. Considero que ser profesor es uno de los trabajos más difíciles que existen, y ser profesor motivado debe costar algunos días. Agradecer vuestro derroche de energía para educar a los niños de hoy y adultos del mañana.

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    1. Muchas gracias. Se intenta hacer lo mejor posible, pero no siempre es fácil.

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